PENSANDO
Es ahora el tiempo de comenzar a escribir. Hora de dominar voluntades y de afianzar sueños. Quebrar el vaso del tiempo pasado que nos entorpece el camino y renovar las esperanzas de los sueños inconclusos.
Puedo parar un rato en mi loca carrera diaria y pensar un poco. Un ritmo desenfrenado de circunstancias que alteran la paz que deberían compensar mis momentos de sosiego. Si pudiera priorizar mi tiempo y decidir, que, de vez en cuando puedo permitirme el deseo inconfesado de aburrirme un poco. Sería maravilloso dejar que fluyan esas ganas de no hacer nada más, de sentarme a ver el cielo y a pensar. Hay que bajar las revoluciones de la vida, concedernos el aburrimiento permitido, y dejar la vida al ralentí para poder contemplar la naturaleza. Escuchar el canto de un pájaro, tal vez una paraulata anidando en el alero de una casa, o un loro bullanguero surcando el cielo. Contemplar el nacimiento del día con sus pinceladas de rojo anaranjado y su luminosidad.
Parar, en la caminata mañanera, y volver la vista atrás, para contemplar lo andado, tras la mirada vaga de la penumbra que se va empujada por el sol. Pasear alguna tarde frente al malecón, tan solo para aspirar el olor salobre del mar, mientras escuchamos el rumor de las olas que se dejan caer entre las piedras. Mirar a los ojos de las personas que amamos, y demostrarles que los estamos escuchando, aún a pesar del ruido y la velocidad intensa de la vida que hemos llevado y que seguiremos llevando hasta que decidamos poner la marcha lenta.
Vivamos el momento presente sin miedo a la renuncia, sin temor a perdernos algo, porque nada perdemos cuando saboreamos, poco a poco, la belleza que nos rodea, y la vida que hemos recibido. Hoy, decido vivir la alegría de poder perderme cosas. Alejaré de mis sentimientos el miedo a malgastar el tiempo y los momentos.
Decido vivir.
María Inés Arrabal.
Puerto Cabello, 17 de septiembre 2024
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